Proyectos

Intercambiador biológico

Infraestructuras de gestión territorial [ 2010.06 ]

Se parte de un estudio de los Valles de Colchagua y Lolol en la VI Región de Chile, la zona central del país, especializada en la producción agrícola. En este área en concreto la superficie llana se dedicada al cultivo de vid y las formaciones montañosas a la silvicultura. Toda la región es una gran fábrica territorial especializada según relieve y distancia al mar.

El proyecto propone una gestión cooperativa entre las actividades turísticas, agrícolas y silvícolas. Se plantean una red de rutas turísticas en el valle y unas infraestructuras territoriales que, además de acojer servicios a esa red, serían "intercambiadores" de subproductos de las actividades de cultivo del valle, reconvirtiéndolos en materia prima, y desde donde además se negociaría el uso común de los recursos hídricos y la sostenibilidad de la fertilidad del suelo.

La morfología de los intercambiadores se genera a partir de estudios en GIS del relieve, que sirven de información base para las variaciones de las distintas capas técnicas que componen la infraestructura.

La geografía de Chile viene determinada por la combinación de cuatro macroformas del relieve: planicie literal, cordilleras costeras, llanura central y cordillera de Los Andes. Estas formaciones interactúan de distinta forma según la latitud, siendo uno de los principales factores en las rápidas variaciones climatológicas de una región a otra. La configuración fragmentada de la cordillera costera en la IV Región y en la zona central del país crea un clima muy similar al mediterráneo (es científicamente denominado como tal), lo que la ha convertido en el foco de producción agrícola y especialmente vitinícola del país.


La industria productiva chilena está muy ligada al sector agrícola y minero, estando muy especializada según la latitud. Mientras que el centro del país es agrícola, en el norte la economía está basada en las explotaciones mineras y en las zonas más australes en la explotación forestal y el turismo.


NATURALEZA COMO FÁBRICA: SUELO 100% PRODUCTIVO

La sexta región posee la mayor concentración del país de cultivos vitinícolas. Además en las zonas montañosas el clima y el relieve no abrupto permiten la plantación de bosques para comercialización de madera y celulosa.

El gran auge de la industria vitinícola en las últimas décadas (Chile se ha convertido en el quinto exportador de vino del mundo) ha hecho que se ocupe la práctica totalidad de suelo llano a los cultivos de vid. La ciudad de Santa Cruz, en el centro del valle, se ha convertido en el centro de la industria vitinícola del país y está comenzando a aparecer un turismo y actividad empresarial de altos recursos económicos que contrasta con los bajos recursos de la población local, empleada mayormente en los campos.

Por otro lado, en los cerros que conforman las cadenas montañosas se está dando una profusión de cultivos silvícolas que ha llegado a ocupar gran parte de las islas del relieve entre los valles cultivados.

El contraste del paisaje entre las extremadamente llanas planicies y las formaciones de cerros se ha convertido en el paso de un tipo de producción del suelo a otro, convirtiéndose en un paisaje de naturalezas artificiales productivas, o en una gran fábrica territorial.


IMPLANTES DE BIODIVERSIDAD: NUEVAS POLÍTICAS DE CONSERVACIÓN Y REPBLACIÓN

Recientemente, los estudios realizados de todo el país por la Comisión Nacional de Medio Ambiente (CONAMA) y sus posteriores informes han llevado a la adopción de unas medidas de conservación para la biodiversidad autóctona, así como el control público de las plantaciones forestales. Ajustándose a las áreas silvícolas existentes en la actualidad, mayormente de pino radiata y eucalipto, se han delimitado las áreas que mantienen biodiversidad autóctona, definiéndolas como Áreas Prioritarias de Conservación, y las áreas destinadas a la producción, definiéndolas como Áreas de Manejo. Se pretende frenar y controlar los cultivos silvícolas y, por otra parte, fomentar programas de repoblación y control para las áreas de conservación, cuya biodiversidad ha ido menguando con la erosión extendida producida por los monocultivos de pino radiata y eucalipto.


OBJETIVOS DE INTERVENCIÓN:


INSERCIÓN DE ACTIVIDAD ECONÓMICA TERCIARIA EN EL ENTORNO RURAL: INFRAESTRUCTURA PRODUCTIVA COMO VALOR TURÍSTICO

En Chile, al igual que la mayoría de países “en vías de desarrollo”, existe un éxodo rural que provoca un crecimiento masivo de las áreas metropolitanas. Estos movimientos migratorios no sólo están motivados por estrictas razones razones de supervivencia, sino mayormente porque las propias ciudades y el mercado de trabajo que suponen las atraen. Sin embargo, este crecimiento incontrolado alimenta una desigualdad creciente, que ha pasado a ser parte del funcionamiento sistémico de las ciudades, patente en Santiago de Chile. Bajo estas dinámicas, la riqueza que produce el sector primario de las áreas rurales es desviado al área metropolitana, ya que las empresas que lo gestionan pertenecen a esta. El aporte económico a estas regiones es el de los empleados en el cultivo y recolección, que con la falta de regulaciones en la cualificación, el alto grado de analfabetismo y la sobreoferta de mano de obra hace que, pese a que este sector es el principal motor económico del país, estas áreas rurales no se beneficien de la riqueza que generan.

La intervención pretende en primer lugar aprovechar la oferta turística creciente en Santa Cruz y ampliarla para atraer parte de ella a los valles más interiores. Se propone evitar la especialización turística en un tipo de turismo enólogo de alto confort a un tipo de turismo más diverso y relacionado con la observación del patrimonio natural, principal fuente de turismo en Chile, tanto nacional como extranjero. El objetivo es complementar la visión del turismo del paisaje vinícola desde el Tren del vino y la visita a las bodegas con una visión más cercana y directa que contemple todas las dimensiones de la producción. De esta forma, las infraestructuras del paisaje productivo pasan a tener un valor turístico de igual valor que el patrimonio natural o cultural. Se abre la posibilidad entonces de combinar y superponer la infraestructura productiva y la turística, la primera haciendo de atractor de la segunda, y la segunda haciendo de financiación económico de la primera. Se trata, al fin y al cabo, de una gestión pública regional de la maquinaria turística que asegure que los aportes económicos de esta contribuyan al desarrollo social de la región.

GESTIÓN COORDINADA DE RECURSOS Y PRODUCCIÓN
: PLANIFICACIÓN TERRITORIAL PARTICIPATIVA

Al igual que se propone una gestión pública regional del turismo, se propone una gestión paralela y coordinada de los recursos de todas las actividades productivas. Se trata de, por una parte, controlar y monitorizar las condiciones naturales que posibilitan estas actividades (acuíferos, erosión del suelo, plagas, etc.), regulando la producción para su sostenibilidad a largo plazo y, por otra parte, de gestionar un intercambio de los desechos y subproductos que pueden ser aprovechados de un tipo de actividad a otra, introduciendo aquí como una actividad productiva más la repoblación de las áreas de conservación, así como de la transformación necesaria para ello.
Para posibilitar esto, se propone la creación de unos foros regionales de producción en los que los diferentes agentes implicados estén representados y tomen decisiones coordinadas sobre la gestión de la producción territorial y el desarrollo social de la región.


MÉTODOS ALTERNATIVOS DE PROPIEDAD DEL SUELO PRODUCTIVO: METAESTRUCTURA DE PRODUCCIÓN FORESTAL

En el ámbito forestal, dada la reforma en la legislación del suelo que se está llevando a cabo al definir las áreas de conservación, se propone una nueva estructura de producción que tenga en cuenta la convivencia de la reforestación y conservación de los ecosistemas autóctonos y la explotación de especies importadas sin tener que ceñirse a la actual distribución. El estado actual de las plantaciones de pino radiata y eucalyptus responde únicamente a cuestiones económicas de propiedad del suelo. La situación de las plantaciones corresponde a la estructura de propiedades coloniales de grandes predios privados, por lo que una reestructuración que contemplara estas explotaciones como unas cesiones de terreno público controladas a escala territorial podría optimizar la producción y garantizar su viabilidad a largo plazo. Se trata de que estas estructuras respondan a parámetros de erosión del suelo, relación entre pendiente y densidad de plantación y ciclos temporales de producción; así como su redistribución en “bolsas” aisladas según estas características, insertas en una estructura continua de ecosistemas autóctonos a restaurar y conservar.